La foto del calvario

 

Foto del Calvario Valery
La imagen que hicimos de las escaleras de El Calvario, justo antes de ser retenidos por Inteligencia Militar. Foto: Jorge Luis Pérez Valery.

Pues sí. Parece mentira que esta inocente imagen de un ícono de Caracas nos haya llevado directo al cuartico de la Dirección de Contrainteligencia Militar en Fuerte Tiuna. Pero, vamos, es Venezuela y cualquier cosa puede suceder.

Jorge Luis Pérez Valery y yo somos periodistas y panitas.
Hace un par de días, iniciamos un reportaje sobre la ciudad de Caracas que requería grabar en video lugares emblemáticos de la capital: las Torres del Silencio, la Plaza Altamira, la Plaza Bolívar y otros puntos tradicionalmente caraqueños.

Luego de grabar unos minutos en la avenida Bolívar, se nos ocurrió que sería buena idea tomar las escaleras del sector denominado El Calvario. Craso error.

No habíamos grabado ni siquiera un minuto cuando fuimos abordados por dos tipos en moto. Vestidos de franela y bluyín, y con actitud un poco agresiva, se acercaron a nosotros.

– ¿Ustedes trabajan en prensa? 

Yo dije: “Coño, aquí fue. Estos choros nos van a quitar la cámara y los teléfonos.”

-Muéstrenme sus carnets de prensa. Nosotros somos inteligencia militar. Los venimos siguiendo desde la Avenida Bolívar. Sabemos que vienen grabando desde allá. ¿Qué están grabando?

Mi madre. Sorprendida y molesta de saber que nos venían siguiendo… yo me envalentoné y respondí:

– Muéstrame tu carnet tú también porque yo realmente no sé quienes son ustedes. Me parece que nos pueden robar. Estamos en la ciudad más peligrosa del mundo.

Uno de ellos- a quien llamaré “el policía malo”- me muestra su credencial. Pero sólo tiene su foto y un número. No hay nombre ni apellido ni nada más.

Según él, así son los carnets de Inteligencia Militar.

Jorge y yo sacamos nuestras credenciales de prensa, seguros de que sólo nos iban a regañar y a pedir que nos retiráramos. Pero no, todavía faltaba mucho para que el mal rato terminara.

Aquí no se puede hacer fotos. Esto es zona de seguridad. Esto es el “corredor presidencial” porque estamos cerca del Palacio de Miraflores. Su presencia aquí es una amenaza para la seguridad del Estado.

No sé si reirme o llorar. ¿Corredor presidencial? ¿Seguridad de Estado? ¿De qué habla esta gente?  El tipo sigue con su discurso:

Tenemos información de que algo va a pasar en los próximos días. El 1ro de septiembre hay un plan. Nosotros tenemos que proteger al presidente, que es la figura más importante de Venezuela. Y ustedes pueden estar haciendo un reconocimiento de la zona.

Jorge, más tecnológico, le suelta esta perla: “Pana, si quisiéramos hacer un reconocimiento de la zona, lo haríamos en Google Maps. Ahí se ve todo. No tendríamos ni que venir para acá.”

El policía malo nos pide que los acompañemos al puesto de la Guardia Nacional más cercano para “tomarnos los datos”. Un trámite de apenas 20 minutos, según su promesa.

Después de resistirnos un buen rato, a regañadientes y con la cara desencajada, accedemos a subir hasta el sitio.

Los funcionarios vienen, van, se saludan , hablan, discuten, llaman, se hacen señas. Jorge y yo sólo esperamos. Ni siquiera hablamos mucho entre nosotros… para no decir algo que empeore más la situación.

Al final, el policía malo hace un anuncio de terror:

El capitán que está aquí no tiene la jerarquía para tomarles los datos. Además, me llamó mi coronel y me dice que él los quiere interrogar personalmente. Así que vamos a Fuerte Tiuna.

¿Quéeeee? ¿Fuerte Tiuna? ¿Por qué? No, yo no voy a Fuerte Tiuna– respondo inmediatamente. No tengo nada que hacer allá. Nosotros no hemos cometido ningún delito.

Y es ahí donde el funcionario de contrainteligencia militar, hombre a cargo de la seguridad de la patria, suelta la frase CUMBRE de este episodio:

“Se los voy a poner así: hay dos formas de que vayan a Fuerte Tiuna. La primera es que colaboren… y la segunda es que los lleve esposados”.

Jorge salta de su puesto sin poderlo creer. Yo me quedo con la boca abierta. Al final, le digo al tipo: “Pana, ¿tú me vas a poner las esposas por una foto? ¿De verdad?”

Aunque ambos seguíamos protestando, sobra decir que tomamos la opción A: colaborar.

Subimos al taxi que nos traía desde Chacao y uno de los agentes de inteligencia militar se sube con nosotros, para evitar que escapemos. Al menos, tres motos más de la DGCIM nos escoltan.

Me siento como una delincuente.

Sabíamos que nos iban a quitar los teléfonos en cualquier momento así que nos apuramos en avisar al Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa que nos trasladaban a Fuerte Tiuna.

Después de rodar un rato, fuimos entrando en “confianza” con el funcionario de Inteligencia Militar que venía en el carro, a quien llamaré “el policía bueno”.

Como saben, tengo una boca difícil de cerrar, así que le pregunto:

  • ¿Cómo es tu nombre, disculpa?

El tipo lo piensa, titubea y al final dice: “José”.

No se lo creo ni por un segundo pero sigo jugando el juego:

José… te voy a preguntar algo, aquí de pana. Y te pido que me contestes con la verdad: ¿tú sabes cuántas cosas están pasando en Caracas en este momento? Secuestros, robos, asesinatos. ¿Y tú estás aquí, perdiendo tiempo, llevándote a dos periodistas pa’ Fuerte Tiuna? Chamo, tú eres un funcionario de inteligencia militar… podrías estar desmontando una banda narcotraficante, un grupo dedicado al secuestro… y estás aquí escoltando a dos pobres reporteros. ¿No te sientes sub-utilizado?

El tipo me mira… y no le queda otra opción que reirse. Me dice: “Tienes razón. Para mí lo que ustedes estaban haciendo es algo normal. Una foto y ya. Pero son órdenes. De verdad, disculpa.”

Vaya, una flor en medio de tantas espinas.

Entramos a Fuerte Tiuna y todos nos miran con mala cara. El agente nos explica: “Los miran mal porque aquí casi no traemos detenidos. Para ellos ustedes son delincuentes.”

Excelente. Justo como me siento.

Finalmente, llegamos a la sede de la Dirección de ContraInteligencia Militar. Jorge y yo contamos 8 fotos de Chávez sólo en la recepción. La más grande tapiza toda la pared de fondo. Algunos visten camisas rojas con la firma de Chávez bordada en blanco.

Esa presencia absoluta del “Comandante Supremo” ya nos daba una idea de que la cosa iba para largo y, sin duda, sería muy desagradable.

¿Quiénes son los detenidos? – pregunta uno de los funcionarios.

Jorge y yo nos miramos, guardando silencio absoluto. Ninguno quería identificarse como “detenido”. Nos dicen que ya nos van a atender pero primero deben interrogar a la conductora del taxi que nos llevaba. Una señora que estaba destrozada de los nervios y nos echaba a nosotros la culpa de todo. En fin…

Luego de dos largas horas de espera, llegan los abogados de la organización Espacio Público.

Cruzan algunas palabras con uno de los agentes de la DGCIM pero su respuesta es tajante: “No hacen falta abogados. Los periodistas no están detenidos ni retenidos. Sólo fueron traidos a declarar en calidad de testigos.”

Ante esa frase, me atrevo a preguntar: Disculpe, oficial. Si no estamos detenidos ni retenidos… ¿podemos ir a comprar algo de comer por aquí cerca? Es que son las 3 y no hemos almorzado.

No, no pueden.

Ah ok.

Ya ni peleo. Quiero salir de esto pronto. Los abogados de Espacio Público nos compran unos cachitos y con eso amortiguamos. Tratando de buscarle algún sentido a esta jornada, me digo a mí misma que esto es una “no-detención”, al estilo del no-cumpleaños de Alicia.

Finalmente, me llaman al cuartico con el agente Montilla. No puedo dejar de notar que a la izquierda de su escritorio hay una caja con varios litros de aceite de cocina y otra con unos 12 kilos de harina. Confirmado: el bachaqueo llega hasta los rincones más insospechados.

Comienza el interrogatorio: ¿quién es usted? ¿qué estaba haciendo en El Calvario? ¿dónde tomó el taxi que la llevó hasta allá? ¿para qué medio trabaja? ¿qué estaban fotografiando? ¿ustedes están preparando algo para el 1ro de septiembre?

Echo el cuento completo una primera vez. Media hora después, el agente me dice: “Ahora quiero que me cuentes todo otra vez pero estructurado. Lo voy a escribir.”

Empiezo DE NUEVO: “ Estábamos en la zona de El Calvario…”

Justo en ese momento, entra el oficial de mayor rango. Vestido de civil pero recibiendo los respetos de todos. Viene con el teléfono al oído: “ Sí, mi general. Ya los tengo aquí, mi general. Estoy hablando con ellos, mi general. Ya los voy a soltar, mi general.”

No me pregunten qué general era ese. Pero fue el que dio la orden de que nos dejaran ir.

Al salir, nos espera en la puerta la abogado Rocío San Miguel, directora de la ONG Control Ciudadano y especialista en temas militares. Rocío se muestra implacable ante los funcionarios de la DGCIM y, sin tapujos, exige copia de nuestras declaraciones, además de una explicación clara de por qué nos tienen allí. Cita varias leyes, la constitución, el reglamento militar y todo lo que se debe saber para una defensa legal sólida. El militar de más alto rango se va reduciendo poco a poco… y le entrega a Rocío todo lo que pide. Sin chistar.
También nos acompañan Marco Ruiz y Blanca Vera del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa. Marco es la eficiencia hecha persona. Donde hay un periodista afectado, siempre está. Y por eso, es objeto de admiración de todos nosotros. Siempre cuenta – y contará – con mi más profundo respeto.

Rocio San Miguel Andre Valery y Marco Fuerte Tiuna
Marco Ruiz y Rocío San Miguel en primer plano. Andreina Flores y Jorge Luis Pérez Valery en segundo plano. Saliendo todos de Fuerte Tiuna.

Igualmente, la presencia del Colegio Nacional de Periodistas, en la persona de Lisbeth de Cambra, ayuda a aliviar el mal rato, amén de las llamadas a personeros militares que también tuvieron su efecto.

De regreso a casa, recibo una llamada del embajador de Colombia. Hay que recordar que tanto Jorge como yo trabajamos desde hace tiempo para medios colombianos. Nuestra relación con la embajada no sólo es de frecuente comunicación sino sumamente cálida y estrecha.

El embajador se muestra genuinamente preocupado y nos cuenta que tuvo que hacer varias llamadas de alto nivel para que nos soltaran. Confieso que me alegra su gestión pero, al mismo tiempo, no dejo de notar la paradoja de que Colombia me defienda de mi propio país.

Al final, Jorge y yo sólo vivimos un mal rato. Una no-detención totalmente innecesaria. Una amenaza de esposarnos fuera de toda proporción. Un tiempo perdido que pudo aprovecharse en arrestar verdaderos delincuentes.

Pero así es Venezuela ahora: desenfocada, ocupada en proteger figuras en vez de proteger personas, persiguiendo fantasmas de marchas en vez de resolver los problemas que dan origen a esas marchas.

Un país extraviado.

Andreina Flores

@andreina

 

PD: Esta crónica va dedicada a mi compañero Jorge Luis Pérez Valery, con la misma frase que le dije en la DCGIM: “De todo este día nefasto, lo único que agradezco es que estés aquí, papá”.

 

 

 

La vendedora de café

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Karina vende café a las puertas del Mercado de Coche. Tiene 25 años y unos ojos cansados.

Con sólo dos manos, hace malabares para llevar el termo de café, a su hija Diana, de cinco añitos y a Luis, su bebé de dos.
A pesar de las caritas sucias, ambos son una belleza. Juegan con los charcos del mercado y las lechugas podridas que caen en el piso

Karina tiene un verbo mucho más educado de lo que cabría esperar. Y una actitud digna. Me sorprende cuando al bebé se le sale un zapatico y su mamá le suelta un regaño:
“¡Póngase los zapatos que usted no es un indigente!”

Nos conocimos gracias a un viejo metiche que, al pasar junto a ella y sus hijos, me dice: “Señora, ¿no quiere llevarse a uno de esos niños para su casa? Jejejejeje”.

La verdad es que el bebé se veía tan lindo que sí provocaba llevárselo. En lugar de eso, le río el chiste y me detengo a hacerle cariños a los muchachitos, en medio de ese desastre que es el enclave del Mercado y el Hospital de Coche.

– Usted tiene hijos? – me lanza el viejo la primera bola.

– No, no tengo.

– ¿Pero usted es estéril?

Ahora sí me acomodé yo con este viejo mamarracho y abusador. ¿Qué clase de pregunta es esa? Me pongo en mi posición ultrafeminista y le devuelvo el golpe:

– No, no soy estéril. Simplemente, decidí no tener hijos. No quiero.

El señor me mira como si hubiese visto a Alien, el octavo pasajero, en pleno mercado.

– Eso está muy mal. La mujer debe tener hijos.

Me pongo más antipática todavía:

-Las buenas quizás sí. Las malas nos vamos a Nueva York y a Río de Janeiro. Cenamos con vino y nos despertamos bien tarde los domingos.

Al pobre viejo casi se le salen los ojos. Me odió en cuestión de segundos.

En cambio, Karina sonreía con cada palabra que me escuchaba. Estuvo callada un buen rato… hasta que finalmente soltó un análisis digno de la socióloga más cara de Venezuela:

“Las mujeres no tienen por qué salir embarazadas a juro. Si quieren hacer otras cosas como estudiar o viajar, están en su derecho.”

Naguará. Ni en mi mejores sueños, habría yo esperado esa respuesta de la vendedora de café del Mercado de Coche.  Entre líneas, adivino que hay un cierto lamento en esas palabras. Una sensación de que Karina quisiera regresar en el tiempo y no cargar estos dos muchachos a cuestas hoy en día.

La historia que me contó, sólo confirma esa sensación:

Al papá de su hija lo mataron. Hace cinco años, se metió con una mujer que no debía y terminó con varios tiros y atropellado por un carro.

Sí, al estilo Tarantino.

Luego, Karina quedó prendada de otro tipo que trabajaba en el mercado de Coche. Un amor apasionado hasta los tuétanos, del que nació Luisito. Pero la figura paterna duró poco. De hecho, ni siquiera duró para ver llegar al niño.

Él me dijo que iba a estar conmigo, que me iba a ayudar a levantar una casa. Cuando teníamos relaciones, me decía que para qué nos íbamos a cuidar, que no hacía falta. Pero eso solo fue para enamorarme… en cuanto supo que yo estaba embarazada, se fue.

Ahora tiene otro hijo con otra mujer, el cuarto. Nació el 28 de Julio. Mi bebé cumplió el 1 de agosto y él ni llamó. Tuve que llamarlo yo para que hablara con el niño.

¿Por qué no llevas a ese hijo de puta a la Lopna? Yo te ayudo… – le digo en un arranque de indignación.

Ya lo intenté pero él me amenazó de muerte…

¿Cómo es eso? ¿Pero el tipo es un pran? ¿Un jefe de alguna banda de por aquí?

Es militar.

Me dijo que si lo llevaba a la Lopna, que me cuidara. Que ya iba a ver lo que me iba a pasar.

Ante esta ruda frase, lo único que me queda es tragar grueso. Por más que uno quiera denunciar y llevar a un malnacido de esos a la justicia, la amenaza de un tipo envalentonado por llevar un arma en la cintura no es como para subestimar.
No apoyo el silencio de Karina, pero lo entiendo. Nadie quiere terminar con un tiro en el cuerpo.

Karina baja la cabeza, como si quisiera enterrarla en el pavimento. Tiene una mezcla de sensaciones: le da vergüenza su historia pero, al mismo tiempo, le alivia poder contarla.
Yo me equivoqué, lo reconozco. Siempre me he fijado en hombres que no convienen. Y nunca me he cuidado. Ahorita una mujer que salga embarazada es porque quiere. Porque hay muchas maneras de no montarse una barriga.
Antes yo confiaba mucho, ahora no. Ahora tengo los ojos abiertos.

Me pongo a pensar en cuánto hace falta una mano de hierro contra todos esos hombres que creen que dejar muchachos regados es una gracia. Un castigo, una multa, una obligación mensual que los enseñe a meter el pipí con conciencia.
Pero seguimos siendo ese tercer mundo en el que las mujeres son aguerridas y levantan a sus hijos todos los días, mientras los hombres siguen atropellando impunemente al que le pase por el frente: parejas, hijos y al mismo Dios.

Con la mano temblando – consciente del riesgo que supone sacar el teléfono en Coche – logro apretar el botón y hacerle una foto a Karina. Con Diana, con Luisito. Con su pared sucia, su termo y su realidad maltrecha.

Antes de irme, le pido que me deje ayudarla con alguito de plata… y le entrego lo poco que pude sacar del cajero minutos atrás.

Karina me mira y se le humedecen los ojos. Como quien no ha recibido ayuda en mucho tiempo. Como quien no confía en nadie y, de repente, algo bueno le pasa.

Ella se queda muda. Y yo también.

Andreina Flores

@andreina

El Cumanazo

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El hambre y la desesperación de la gente no esperan. Corren más rápido que el diálogo y el referendo revocatorio. Tan rápido que a veces hasta van dejando muertos.

Este martes se registraron fuertes saqueos en casi 70 comercios de la ciudad de Cumaná, en el estado Sucre, al oriente de Venezuela.
Desde las 2 de la tarde, el paisaje cumanés se tornó verde militar.
Hasta ahora se han confirmado dos fallecidos: un ciudadano de origen asiático y otro venezolano de nombre Carlos Colón, dueño de la panadería “La Esperanza”, atacado a tiros por motorizados no identificados.
En el hospital Antonio Patricio de Alcalá han ingresado al menos 25 heridos. Según las últimas cifras de la gobernación del estado Sucre, se cuentan también alrededor de 400 detenidos.

A las 11 de la noche todavía se registraban saqueos y detonaciones, con las sirenas policiales de fondo, como nos comentó nuestra colega Carolina Isava desde Cumaná, quien ha sido una de las pocas voces en contar lo sucedido.

De hecho, uno de los escenarios planteados es un posible toque de queda en la ciudad para tratar de controlar nuevos focos de violencia.

Las clases de todos los niveles (primaria, secundaria y universitaria) han sido suspendidas y el alcalde de Cumaná, David Velásquez, prohibió la circulación de motos por 72 horas.

Este episodio en Cumaná trae cola, por supuesto. Primero, porque luego de 70 comercios saqueados, mañana difícilmente abrirá algún abasto, mercado o taguara.
Si a algún cumanés este estallido lo agarró con una lata de sardina y una arepa vieja en la nevera, pues eso tendrá que comer. Este miércoles,  Cumaná amanece  como un paraje desolador.

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Pero hay otras consecuencias: en el terminal del ferry de Sucre hacia Nueva Esparta, también se produjeron saqueos a camiones de alimentos que iban rumbo a la isla de Margarita. Por consiguiente, los margariteños que estaban esperando productos como pollo, lácteos, hortalizas, jugos, carnes y otros… sufrirán AUN MÁS el desabastecimiento.

Este sacudón se suma a los saqueos y protestas registrados en Petare, La Vega, Mérida, Cerezal, Guatire, Barquisimeto y otras regiones que poco a poco han ido creando un caos general. De hecho, ya se cuentan 146 saqueos en lo que va de año.

Se trata del estallido social que tanto temíamos que detonara en Venezuela. Y no es un Caracazo, se esparce por todo el país.

Como era de esperarse, el presidente Nicolás Maduro hizo su programa de televisión este martes por la noche… pero en cuatro horas seguidas de cháchara no mencionó ni una letra de los saqueos en Cumaná.
Es que las paredes de Miraflores son sordas….

Andreina Flores
@andreina

Johnny, el mototaxista arrepentido

mototaxi
Plaza Venezuela es un hervidero a la una de la tarde. Tráfico, gente, ruido, prisa, los sentidos alerta y la cartera bien agarrada.
En este fragor caraqueño, la forma más rápida de volver a casa es un mototaxi. Vamos que no es la primera vez que me lanzo en esta aventura. Ya me parece hasta simpática.

Así me topo con Johnny, un conversador de primera línea que está dispuesto a dejarme en la puerta de mi casa por 500 bolos. Solidario el tipo.

Johnny se asombra y sonríe cuando le digo que tengo mi propio casco: “Esta jeva es una guerrera” me dice con ese malandreo característico del chaleco naranja.
Uno de sus colegas, más observador, le dice que soy periodista y que el casco me sirve pa’ aguantar piedras y golpes.

Johhny me mira el carnet de prensa (sí, ese que se me olvidó quitarme) y me mira con un poco de desconfianza: “¿Pero tú no eres de VTV, no? ¿Tú no estás con el guevón de Maduro, verdad?”.

“No, vale. ¿Tú me ves a mí cara de madurista, acaso? ¿Qué pasa?”- respondo, sacando mi lado malandro también.

Johnny recupera la sonrisa… y yo el alivio.
Cuando nos identificamos como “del mismo equipo político” y arrancamos en la moto, se destapa:

“Mira, chama, yo te voy a decir una vaina: yo voté por Maduro… porque bueno, el Comandante lo pidió y bueno… Chávez era otra cosa. Pero a Maduro nadie lo quiere. Nosotros no estamos con él. El cree que los motorizados están con él pero eso es mentira.”

“¿Y por qué cree que ustedes están con él?” – pregunto inocentemente.

“Fíjate: yo fui pa’ la marcha de ayer, la de los motorizados. Pero fui porque ellos nos dan los repuestos a precios regulados, ¿ves? Y coño, chama, los cauchos bachaqueados me salen en 20, 30 mil bolos… con los chavistas los compré en 4.500. Ni pendejo que fuera. Yo fui pa’ esa marcha pero cuando sean las elecciones pongo mi huella y saco a Maduro. Y así como yo hay miles”.

Qué interesante… un motorizado que no perdona un buen descuento a cambio de ponerse una franela roja un día. Otro que pregona el lema de “Soy chavista, no madurista”.
Sigo escuchando…

“Yo hoy estuve haciendo una cola desde las cinco de la mañana en el mercado de ahí de Bello Monte. Hasta ahorita, hasta el mediodía… ¿y sabes qué encontré? Un AXION (jabón lavaplatos) y cuatro pastas de dientes. Nojoda, yo lo que quería era comida.”

Esa frase me recuerda que yo también necesito comida en mi casa y que, por primera vez en dos meses, conseguí mantequilla el sábado. También me recuerda que compré un tubo de pasta de dientes en 1800 bolos en el mercado de Chacao, donde los precios son internacionales… o bachaqueros, como uno los quiera ver.

Pero lejos de interrumpir con mis propias quejas, sigo escuchando a Johnny:

“Tú no me lo vas a creer, chama, pero yo también fui pa’ la marcha de la oposición la otra vez. Y te voy a decir algo: le di la mano a Radonski. Le dije: Pana, yo era chavista pero aquí tiene que haber un cambio, esto no se aguanta… así mismo le dije. Y además firmé pa’ que hagan el revocatorio. Ahora Jorge Rodríguez dice que firmaron un poco de muertos. Nojoda, yo no estoy muerto. Muertos tan ellos que la gente no los quiere. Esos carajos no ganan más nunca.”

Yo me río con las frases de Johnny pero la verdad es que el trasfondo de lo que dice es terriblemente serio. Johnny es lo que el mismo Chávez había bautizado como “la voz del pueblo”, sólo que ahora el gobierno de Maduro y su combo no escuchan ni por error.

Aunque los esfuerzos por una solución político- diplomática-pacífico-democrática se estén desarrollando, este viaje con Johnny me refuerza la idea que me da vueltas en la cabeza desde hace tiempo: ESTO YA ESTÁ REVENTANDO POR LO SOCIAL… y no hay fuerza que lo detenga.

Andreina Flores
@andreina

Por donde le quepa

Maduro por donde le quepa
Luis Almagro, secretario general de la OEA, venía amenazando desde hace tiempo y finalmente cumplió: esta mañana madrugó a todos al presentar un informe de 132 páginas sobre la crítica situación que atraviesa Venezuela. Partiendo de ese documento, ha invocado la Carta Democrática.

Esta acción pasa por solicitar una convocatoria al Consejo Permanente de la OEA entre los días 10 y 20 de junio para discutir el caso Venezuela y “atender la alteración del orden constitucional y cómo la misma afecta gravemente el orden democrático”.
Los votos de 18 de los 34 miembros de la OEA deciden si efectivamente se ha producido una ruptura en el orden democrático, lo que pondría en marcha medidas especiales como visitas a Venezuela, instalación de mesas de diálogo y revisión del hilo democrático en todos los poderes.

Si estas medidas no cambian el panorama venezolano, se llamaría a una Asamblea General extraordinaria de la OEA para ACTIVAR LA CARTA DEMOCRÁTICA. Esto puede conducir a dos caminos: insistir en las medidas especiales o bien, suspender a Venezuela como miembro de la organización.
Para aprobar esa ACTIVACIÓN son necesarios 23 votos, que representan las 2/3 partes de los 34 países de la organización.

Maduro jugó posición adelantada y desde anoche lanzó un grito furibundo: “¡No al injerencismo! ¡Fuera la OEA de Venezuela y de América Latina!” Hasta ahí todavía estábamos más o menos decentes. Pero hoy sí se destapó y se puso escatológico (como de costumbre): “Almagro, haga un rollito con la Carta Democrática y métasela por donde le quepa”.

Más allá de que nos guste o no su fino lenguaje, Maduro miente.
Asegura que Almagro ha presentado el mencionado informe sobre Venezuela para pedir una intervención extranjera. Más específico aún, ha dicho que es una ventana abierta para una intervención gringa.
Suponemos que Maduro sigue fantaseando con la llegada de los Marines a Caracas, cosa que no sucederá porque simplemente, ESO NO ESTÁ PLANTEADO.

Lo que sí es mucho más real (y grave)  es que el señor Maduro ha anunciado que introducirá una demanda contra la directiva de la Asamblea Nacional por “usurpar funciones constitucionales exclusivas del presidente de la república”. ¿La razón? Maduro considera que los directivos del Congreso han solicitado una intervención extranjera al reunirse con la OEA en diálogos internacionales que sólo puede ejercer el primer mandatario.

Esta demanda, según lo anunció el mismo presidente, vendrá acompañada de un recurso de amparo inmediato. Por lo que suponemos que toda la directiva de la Asamblea Nacional perderá sus puestos en un tris. De hecho, muchos hablan ya de una disolución legalizada de la directiva del parlamento.

Nicolás Maduro, enloquecido y a todo grito,  ha amenazado con “un juicio histórico”.
Y vaya que tiene razón… sólo que, muy probablemente, el protagonista en el banquillo sea él.

Andreina Flores
@andreina

Una extraña en la mezquita

Islam en Caracas COLOR-4

Desde afuera, la Mezquita Ibrahim Al Ibrahim de Caracas luce hermética: las rejas cierran celosamente el paso, las puertas te miran con desconfianza y el minarete te regaña desde lo alto, como diciendo: ” ¿y qué haces tú aquí, infiel?”

Al menos así lo siente una primeriza como yo. Afortunadamente, las ganas de adentrarse en un mundo tan misterioso como interesante, gritan más duro.

Cuando el encargado de la mezquita, Ahmed, sale a mi encuentro y me recibe con toda amabilidad y una sonrisa en el rostro, mi cerebro se paraliza. No entiende esta rara bienvenida. No entiende  esta ventana abierta a tomar fotos y registrar momentos íntimos del Islam en Caracas.

Eso me recuerda que estoy aquí  – en gran parte – para evocar a mis amigos musulmanes, a todos los que he conocido en Nueva York, París y Marruecos y que han sido maravillosas personas. A los que se han sentado conmigo a enseñarme algunas palabras en árabe, a mi amiga Bouchra y sus hijos que me han dado hospedaje en su casa, a los hombres que tragan grueso y responden mis preguntas antipáticas sobre el matrimonio con 4 mujeres, el sexo, el alcohol y tantas otras cosas.
Son ellos quienes le lavan la cara al Islam y se sienten avergonzados cuando usan el nombre de su dios para matar a cien personas en un teatro.

Aún así, mi presencia en las salas de oración de la mezquita no siempre cayó bien. Una mujer evidentemente no musulmana – aunque cubierta con una bata que escondía el 90% de mi cuerpo – armada con una cámara invasiva es, sin duda, un bicho raro, un animal de temer.

Luego de verme deambular varios días en sus espacios y comprender que no me iba a rendir hasta lograr buenas imágenes… no les quedó otra opción que dejarse hacer.

El descubrimiento fue mutuo. Y la pérdida del miedo también.
Al fin y al cabo, el primer paso hacia la tolerancia… es conocerse.

Sean bienvenidos.

Andreina Flores
@andreina

Islam en Caracas COLOR-14
La sala de oración de los hombres está coronada por la siguiente frase del Corán: “Sólo quien crea en Alá y en el Último Día, establezca el rezo, entregue el diezmo y no tema sino a Alá, permanecerá en las mezquitas de Alá”
Islam en Caracas COLOR-13
Como un gesto de respeto, tanto los hombres como las mujeres deben quitarse el calzado antes de entrar a la sala de oración
Islam en Caracas COLOR-10
Las mujeres en oración, sólo escuchan la voz del imam desde el segundo piso. Aunque algunas intentan asomarse a la sala de los hombres a través del portal de madera que los separa
Islam en Caracas COLOR-9
Antes de la oración, hombres y mujeres deben lavarse el rostro, las manos, los brazos y los pies. A este ritual se le conoce como “purificación”
Islam en Caracas COLOR-8
Antes de la oración, hombres y mujeres deben lavarse el rostro, las manos, los brazos y los pies. A este ritual se le conoce como “purificación”
Islam en Caracas COLOR-7
El imam Mohamed dirige la oración de los hombres mostrando su respeto a Alá
Islam en Caracas COLOR-6
El imam Mohamed junto a Omar, uno de los mås jóvenes de la mezquita, en un momento de risas justo antes de la oración
Islam en Caracas COLOR-5
El Imam Mohamed y el joven Omar en un momento de lectura justo antes de la oración
Islam en Caracas COLOR-3
Fabiana, joven venezolana de origen musulmán, recibe clases de árabe en la Mezquita de Caracas
Islam en Caracas COLOR-2
El profesor Alvaro Hernández imparte clases de árabe para principiantes en uno de los salones internos de la Mezquita de Caracas
Islam en Caracas COLOR-1
La Mezquita Ibrahim Ibin Abdul Aziz Al-Ibrahim se ubica en el sector La Candelaria de Caracas. Fue inaugurada en el año 1993
Islam en Caracas-4
El imam Mohamed se ubica de espaldas a la congregación y desde el pequeño habitáculo llamado “mihrab” hace el llamado a la oración. Sus palabras son: “Alá es grande, ven a la oración, ven a la felicidad”
Islam en Caracas-3
Como un gesto de respeto, tanto los hombres como las mujeres deben quitarse los zapatos antes de entrar a la sala de oración
Islam en Caracas-1
Las hermanas Rola y Samah comparten el Corán durante la oración del viernes
Islam en Caracas-2
Shazady, una de las más jóvenes de la mezquita de Caracas, hace una “dua”, una súplica a Alá

Un regalo sin abrir

Niño Ricardo Medina2

Adriana es mi amiga. Mi amiga bloguera y  fan furibunda del tenis como yo. Mientras yo soy la novia de Federer, ella es la novia de Nadal.

El pasado lunes 14 de diciembre,  Adriana despertó a gritos a toda la Venezuela tuitera con un mensaje desgarrador: “El medicamento no se consiguió. Gracias a este maldito gobierno. Mi sobrino de tres años falleció esta madrugada”.

Adriana Tuit Maldito gobierno

El sobrino de Adriana, Ricardo Andrés Medina,  tenía sólo 3 añitos de edad pero ya pesaba sobre sus pulmones esa enfermedad que está tristemente de moda y nadie termina de entender por qué: el cáncer.

Para su tratamiento, Ricardo necesitaba Cardioxane,  un protector cardíaco para pacientes que deben  someterse a quimioterapia. Un medicamento que se ubica en el 70% de escasez que denuncia la industria farmacéutica en Venezuela.

El padre del niño, Richard Medina,  tardó varios días en armarse de valor pero finalmente se plantó ante la prensa para hablar de una muerte que todavía no asimila.
Antes de empezar la rueda de prensa, me dice: “Yo sé que esto no le va a devolver la vida a Ricardo pero quizá pueda impedir que le pase lo mismo a otros niños”.

Richard medina Hospital MIlitar peq

A las puertas del Hospital Militar –  donde falleció su hijito –  Richard relata su odisea: “Yo duré todo el mes de noviembre buscando el Cardioxane y al final se consiguió… el martes, en Europa. Haber perdido tiempo de estar con mi hijo, abrazarlo, besarlo, amarlo, por estar en una cola buscando una medicina. En mi casa, bajo el arbolito, va a quedar un regalo sin abrir… porque no conseguí una medicina”.

Richard no sólo denuncia la escasez de medicamentos. También acusa la discriminación que se aplica en el Hospital Militar de Caracas:  “Hay preferencia para los militares. Hay habitaciones que son exclusivas para los militares. Yo llegaba con mi hijo a las 6 de la mañana y eran las 2 de la tarde y no me habían dado habitación. Y había habitaciones vacías… pero no las tocaban por si acaso se enfermaba un militar”.

Richard reconoce la buena iniciativa de Chávez al abrir las puertas del Hospital Militar para todo el mundo, pero no duda en describir cómo a los llamados PNA (Pacientes No Afiliados o pacientes civiles) “les ponen un pañito de agua fría en la cabeza  porque no hay antibióticos para ellos,  prefieren guardar el frasquito por si acaso se enferma un militar”.

Mientras Adriana y su hermano enfrentan el durísimo golpe de perder a un bebé de 3 años, yo intento seguir con mi trabajo, cubriendo las declaraciones de las autoridades venezolanas.

Y ahí me encuentro con las frases más absolutamente estériles para la Venezuela verdadera:  golpe electoral, fraude por votos nulos, no volverán, no entregaré la revolución, no al FMI, esto es una campaña del imperio, la guerra económica engañó al pueblo, la culpa es de los medios, de Colombia, de Mendoza.

Nada, ni una sola palabra, ni un solo gesto de estos personajes indican que dentro de sus cabezas pueda pasar  al menos LA IDEA  de evitar la muerte de otros niños como Ricardo. No se dice una sola frase que aporte soluciones reales.  No escucho palabras mágicas como medicina, dotación, salud, progreso, bienestar.

Sigo escuchando una perorata politiquera que me agota,  que me entristece… que sólo me transporta  de vuelta a las palabras originales de Adriana: “Maldito gobierno”.

Andreina Flores

@andreina